jueves, 26 de marzo de 2015

No es país para viejos: la “Pheasant Tail”

    Una de las cosas que más me sorprende de nuestro vieja piel de toro, es el afán que tenemos todos los españoles de estar a la última, de ser los más modernos y aparentar, despreciando el pasado más cercano. Nos ocurre con los coches, con el móvil, con las casas e incluso con el vino. No tenemos término medio. Pasamos del blanco al negro, olvidando que entre ambos hay muchos tonos de grises. Y pensamos que lo antiguo es obsoleto y de peor calidad, quizás algo inútil para los tiempos que vivimos.


    Esta misma sensación la tengo en lo últimos tiempos con la pesca a ninfa, y en especial, con la tan manoseada pesca al hilo con perdigón. Parece que las demás técnicas son poco eficaces, y  han llegado a desaparecer del repertorio de muchos pescadores a mosca. Lo podéis corroborar a lo largo de esta próxima temporada: habrá pocos mosqueros en el río, y menos entre los pescadores recién llegados, que pesque con ninfas tradicionales. La floreada primavera pasada, tentando el tramo libre sin muerte del río Gallo, encontré a dos pescadores penitentes afanados en desenganchar de las múltiples  ovas del río, un par de perdigones que estaban atados a un hilo del 8X. Les ayudé a solucionar el problema mientras hilaba la hebra con lo bien que bajaba el río, con las pesca a pez visto, con lo difícil que es pescar entre ranúnculos,…, cuando una fario se cebó a emergentes varios metros más arriba. Les animé a cambiar de mosca y a probar suerte. Cuál fue mi desazón cuando uno de ellos me dijo que sólo llevaban nylon, que la segunda caña preparada la habían dejado en el coche por no cargar con ella todo el día, y dicho y hecho, se acercó a hurtadillas y lanzó de nuevo el perdigón oliva, rompiendo la postura de la trucha y volviendo a enredar en las ocas del fondo. Incrédulo, les desee suerte y continué con mi ninfa de poco peso sacando truchas a ceba vista ¿Queréis otra muestra? Desde que di de alta mi página “facebook” me he visto invadido por miles de duchos montadores al uso o por noveles y jóvenes iniciados en el menester de mezclar hilo, pluma y anzuelo. Es sumamente enriquecedor, sobre todo cuando veo que comparten mi misma pasión por la creación de imitaciones de insectos del río. De ellos, el 30% han creado secas o emergentes en general, y del resto, el 80% solo crea o inventa perdigones. Debe ser un afán por emular a las estrellas de la competición en la pesca a mosca, aunque no puedo negar la efectividad de estos engaños a la hora de sacar del fondo a las aletargadas truchas de nuestros ríos, sobre todo cuando no hay eclosiones visibles.

Primera versión de ninfa "Pheasant Tail"
    En mi caso y desde hace muchos años, la falta de eclosiones la suplo con una ninfa PT hecha sólo con cola de faisán e hilo de cobre. Puedo cambiar los tonos, y alguna vez añado una bola dorada para profundizar más rápidamente en los rabiones, pero suele ser la excepción. ¡Cuántas veces me han preguntado desde la orilla del río lo que  llevaba atado en mi puntal, mientras sacaba alguna que otra trucha más que la mayoría! Y cuando les decía que una “Pheasant Tail” o PT, me miraban con incredulidad. Esta mosca me ha dado el mayor número de satisfacciones (si exceptuamos a la Adams Parachute en seca) cuando la pesco como ninfa o como emergente, a cualquier profundidad, y en cualquier mes de la temporada. Y sobre todo, es mortal a trucha vista.  Es el engaño perfecto: delicado, fino, suave al tacto y de un color que abunda en todas nuestras masas de agua. Su creador,  Frank Sawyer, afirmaba que la pesca a ninfa a trucha vista era la manera más fascinante de todos los clases de pesca. Y que incluso durante los duros calores del verano, cuando el sol  está alto y el nivel de agua es bajo, y cuando se reúnen  las mejores condiciones para ver un pez en sus posturas, afirmaba que este tipo de pesca era el más difícil arte de pesca a mosca. Sawyer estudió los hábitos de las truchas del Test y del Avon, en Inglaterra, y en sus limpias y cristalinas aguas observaba los comportamientos de las ninfas antes de eclosionar, tomando nota de  su alto contraste con respecto al entorno, y sobre todo de su inerte falta de movimiento al dejarse arrastrar por la corriente. Estas observaciones rompía moldes y contradecía todo lo descrito con anterioridad, y para demostrarlo, creó la imitación “Pheasant Tail”, basada en su favorita mosca seca: la “Pheasant Tail Red Spinner”. La artificial era pescada o en el fondo, imitando las ninfas todavía sin eclosionar que se desplazan por la corriente en el río con sus patas pegadas al cuerpo y con un pronunciado saco alar, o en la misma superficie, cuando una eclosión ya estaba ocurriendo. Sawyer quería una imitación que fuera transluciente a la luz y que además diera halos de brillo para simular el efecto del aire en el interior de una exuvia de mosca a punto de emerger. Eso lo consiguió con los materiales disponibles entonces: fibras de faisán e hilo de cobre.

Ninfas: Bocetos de Sawyer

Ninfas de Sawyer válidas para cualquier río calcáreo de la península
    En sus memorias dice que tardó más de seis meses en conseguir el diseño idóneo para engañar a las truchas. Si pensamos que era el guarda del río Avon y que pescaba todos los días del año, es un tiempo más que suficiente para asegurar la efectividad de la PT. Y  afirmaba que esta imitación se debía lanzar con tanta suavidad y delicadeza como si fuera una seca, siendo la clave para el éxito la forma, el color y el tamaño.

Mis variaciones sobre la PT o ninfa hecha con cola de faisán
    Quizá los pescadores que nos hemos formado en el difícil arte de engañar una trucha en los ríos calcáreos de la meseta, ya sea Tajo, Gallo, Cabriel, Ucero o Avion, apreciemos lo que una ninfa como la “Pheasant Tail” puede hacer. A media profundidad yo he visto peces moverse hasta cuatro metros para tomar una imitación montada en un #16. Pescada en tandem, una oliva en seca como señalizador en un #16 junto a una ninfa en un #18, hace estragos en esas truchas recelosas que saben y han visto de todo. Usando un “furled leader” con punta en identificador de picada, y con 60cm de fluorocarbono, registro las tablas y parados de muchos  super-famosos ríos leoneses, tentando una y otra vez a las truchas que recorren erráticamente  los fondos, y dándome la mayoría de las veces, magníficas capturas. Y como ocurría hace 80 años, la clave está en la forma, el color y en el tamaño.
Mi caja de ninfas sin perdigones...diferentes formas, tamaños y colores.

Furled leader con identificador de picada + 60cm de fluorocarbono + ninfa PT
    Yo las monto tradicionales al estilo Sawyer, en anzuelo recto y con hilo de cobre fino; al estilo emergente, con anzuelo curvo y con saco alar brillante; pesadas con cabeza dorada o cobriza para darlas más peso; con patas de faisán o con perdiz; pero ninguna es más elegante, lisa y fácil de penetrar en la superficie del agua, que la original hecha con hilo de cobre. Cualquiera de ellas me ha dado buenos resultados, aunque yo soy de los que consideran que lo menos complejo en el torno de montaje, respetando las reglas de proporción y atracción de la trucha, es lo más eficaz para engañarla. Las hago en anzuelos desde un #14 hasta un #20, utilizando todos los tamaños y formas según avanza la temporada. La manera de montarlas las podéis encontrar en cualquier libro o página web, y la imaginación para innovarla no tiene límites.

Mi montaje favorito
    Hay un libro llamado “Fly-Fishing the Montana Spring Creeks”, de John Mingo que me fascinó por las técnicas simples pero eficaces que utiliza para engañar a truchas de 2 kilos o más en ríos calcáreos americanos. Con un equipo básico, Winston IM6, línea del #4 y más de diez variantes de la “Pheasant Tail”, este viejo guía americano es capaz de solucionar cualquier eclosión que se le presente en el río. No tiene trucos ni complicaciones: lo tradicional, mil veces probado, es lo que vale una vez más.

    Dicho todo esto, no estoy en contra de los perdigones. Es más, llevo una caja en mi morral con cinco o seis variantes para ser usada en cualquier momento, y he de reconocer que me han dado recompensa cuando nada más parecía funcionar en el río. Sin embargo, creo que aquellos noveles que se incorporen a este maravilloso mundo de la pesca a mosca deberían tener otras opciones en su arsenal, y debemos enseñarles que no por ser modelos antiquísimos (la “Pheasant Tail” tiene casi 100 años) tienen algo que desmerecer para tentar a nuestras queridas pintonas. Y para los más caducos mosqueros y competidores, breados en mil y una batallas, recordarles que hay que volver a leer a los clásicos pescadores de ninfa para que vean que no sólo de perdigones vive el hombre, y que este sí “es un país para viejos”.


domingo, 25 de enero de 2015

Cómo elegir una caña de bambú

  Hay un resurgir  de las cañas de bambú como paradigma de la pesca a mosca. A la vez se están convirtiendo en un goloso deseo de coleccionistas. En general de todo lo “vintage”, quizás influido por  el exceso tecnológico al que estamos sometidos por los fabricantes de grafito, carretes y líneas, año tras año. No hay verano o feria en USA, líder con respecto a Europa del marketing indirecto,  con el que no nos sorprendan con una caña más rápida, más ligera, súper especializada en ninfa, o de longitudes extremas para la pesca al hilo. Ahora hay mucho interés en conocer el funcionamiento del bambú y su mecánica, su artesanía y su labor.


  Cada semana respondo  a bastantes preguntas de pescadores a mosca, muchos españoles y algunos de allende los mares,  que les gustaría acceder a la esencia del bambú pero tienen miedo de caer al vacío. Y con el precio de las cañas de grafito de última generación  subiendo y subiendo cada año, una buena caña de bambú ya no es tan difícil de alcanzar por algunos bolsillos y comienza a ser abordable para muchos presupuestos. Bastantes de estos mosqueros sienten que este tipo de cañas son elegantes y únicas, maravillosamente eficaces en acción de pesca, y un objeto de deseo para llevar al río. Pero tienen dudas, no saben cómo acceder a este mundo del bambú, en parte por desconocimiento y muchas veces por temor a ser engañados. Es un paso responsable por el nivel de inversión, que curiosamente, con el grafito, no tomamos.


  Por todo ello, pensé que era el momento de publicar una ayuda para aquellos que estén pensando comprar su primera caña de bambú. Este escrito no pretende ser un completo “cómo hacerlo”, sino más bien una baliza que muestre la dirección correcta cuando se empieza uno a preguntar “¿Qué caña de bambú debería comprar?” y no queramos desviarnos del camino.


  Lo primero que debes hacer es no tener en cuenta los mitos y estereotipos que has oído sobre las cañas de bambú. No todas son de acción lenta, ni son tan frágiles para poderse romper fácilmente. Recuerda que hubo un tiempo en el que todas las cañas de pescar a mosca se hacían de bambú, y que muchas de ellas todavía se están utilizando en acción de pesca. El bambú, gramo a gramo y centímetro a centímetro, es más fuerte que el acero y que el grafito y una caña bien cuidada, nos puede durar varias generaciones. En Asia, el bambú se utiliza en vigas, columnas y andamios en los edificios. Un ejemplo de su dureza.


  Considero que aprender un poco de la historias de las cañas de bambú pueden ser útil. La curiosidad nos amplia el conocimiento. Os diré que la edad de oro de las cañas de mosca de bambú duró de 1927 a 1970 mas o menos, y que los nombres de todos los montadores artesanos de esta época surgen en todas las conversaciones que haya sobre cañas de bambú. Sea por sus acciones, técnicas de construcción o por los modelos que crearon, de la misma manera que hoy hablamos de Winston, Sage, Scott o Hardy como creadores de diferentes estilos, calidades, valores o funcionamiento, en el mundo del bambú te tendrás que familiarizar con nombres históricos como Leonard, Payme, Dickerson, Young, Edwards, Granger y Heddon. O con fabricantes de hoy en día como Glenn Bracket, Mike D. Clark, Tom Morgan, Oyster, Edward Barner o Christian Strixner Ninguno es mejor que el otro. Les diferencia la distinta filosofía de enfrentarse ante la misma tarea: hacer una caña perfecta.


  Las cañas de hoy en día se hacen de un bambú llamado Tonkin, que proviene de unos valles montañosos al noroeste de China. Es el mejor bambú por tener una relación dureza/flexibilidad extraordinaria. Es una caña poco cónica, bastante cilíndrica, con nudos poco marcados y con una tonalidad de color amarillento verdoso. Es un bambú fibroso y resistente, Crecen en unos valles donde el viento las mueve y modela desde que nacen. Esa es una de las razones de su aguante a cargas, presiones  y curvaturas extremas. Por lo tanto, cuando adquieras una caña de bambú, asegúrate de que es Tonkin.


  Piensa en lo que quieres que haga tu caña de bambú. ¿Buscas una caña “esmoquin”? Es decir, quieres una caña de exposición para sacarla dos o tres veces por temporada del coche y hacer alarde de pedigrí y estatus, o quieres algo sólido y seguro como una caña de 8 pies y línea 5 con la cual puedas pescar todos los días de la temporada? Las cañas de bambú vienen en diferentes longitudes y números de línea, como las cañas de grafito y son tan eficaces o más para las tareas y acciones de pesca que nos surgen en cada salida de pesca. Es verdad que son algo más pesadas que el grafito cuando se las compara en una báscula, pero una vez puesto un carrete que equilibre la caña  a nuestro gusto, y cuando comenzamos a lanzar, nos damos cuenta que la sensación de peso es bastante menor, y tiende a desaparecer a la tercera o cuarta posada. Son cañas globales de pesca, no especializadas en ciertas técnicas de pesca. Para pescar al hilo con ninfa, la caña de bambú no es el  instrumento más eficiente aunque con cierta pericia y disciplina, mostrará su eficacia comparado con un grafito de 10’.   Son instrumentos para pescar a seca, emergente o ninfa, sea cual sea su longitud, con un excelente manejo de hilos de 8 o 10 centésimas, sin inmutarse ante farios de cierto calibre. Por lo tanto, reflexiona dónde pescarás con ella, río grande o chico, y en qué entorno la vas a utilizar. Con esta decisión pasaríamos a la siguiente fase: el modelo y acción.


  A diferencia del grafito, un montador artesano habilidoso será capaz  de dar a su cliente una caña ajustada a su particular forma de lanzar o estilo de pesca. Os aseguro que podéis encontrar una caña de bambú que se ajuste perfectamente a vuestras necesidades. Y es que el bambú es con el único material que se puede crear todos los tipos de perfiles y acciones.  Yo pesco con cañas de 7’6”, de 8’ y de 8’6”, de líneas #4 y#5. Pero algunas veces lanzo líneas #3 con estas mismas cañas, en ríos anchos y abiertos, donde los lances son amplios, o en ríos pequeños o calcáreos donde la fineza es un requisito. Y es que el material “bambú” facilita la carga de las cañas sea cual sea la cantidad de línea fuera de las anillas. Tenerlo en cuenta vuestras preferencias, recapacitar y ponerlas en una lista, porque tendréis que explicárselo al fabricante de vuestra caña en el momento oportuno.


  Sería aconsejable poder salir, lanzar y pescar distintos tipos de cañas de bambú. Sin embargo es algo complicado en España, porque hay muy pocas cañas de bambú disponibles entre los pescadores y es muy difícil encontrar pescadores en las orillas de nuestros ríos con una de ellas. A la orilla del río, me gusta hilar la hebra e intercambiar ideas y opiniones con otros paisanos, cosa que me enriquece como pescador y como persona. Doy muchas moscas, al menos aquellas  con las que tengo capturas durante la jornada, y siempre ofrezco que lancen un rato con mi caña de bambú para que tengan sensaciones diferentes y puedan notar sus diferencias. Puedo deciros que muchos de ellos se han convertido al místico mundo del bambú: me han llamado con posterioridad para que les hiciera una caña o para que les aconsejara algún montador o para preguntarme dudas. Esto que suelo hacer es la excepción, más que la regla, de lo que nos encontramos a la orilla del río. No todo el mundo cede sus herramientas de trabajo y “nuestra” caña se ha convertido en un tótem sagrado. Muchas veces he propuesto llevarlas a alguna feria o demostración de pesca, para que la gente las vea y las lance, pero tengo que decir que hasta ahora no he tenido mucho éxito.


  Una cosa muy importante, al menos en mi opinión, es mantener un contacto cercano y directo con el fabricante de tu caña de bambú. Te podrá dar información del estado de la caña, consejo del tipo de acción, colores de los adornos, tipo de mango de corcho, posición del carrete, mejor número y tipo de línea a utilizar o explicarte el origen histórico del perfil y acción de la caña que tendrás en el futuro. Es decir, una plena inmersión en el mundo del bambú. No es que te quieran convertir en un “friki” del bambú como lo soy yo, sino quieren que termines amando el bello artilugio de pesca que te va a traspasar cuando finalice y te envie la caña. Quieren que les  recuerdes por las horas de dedicación y mimo que han dado a tu “tótem”. También debéis tener paciencia. Mucha paciencia. Las cañas desde que se solicitan hasta que las tienes en la mano pueden ser de 3 meses a 5 años, dependiendo de los fabricantes, del stock y del número de pedidos que tengan. Y tener claro que el orden nunca se cambia…si eres el 30, serás el 30 en ser construida. Nunca se os ocurra intentar convencer a un montador de cañas de vuestra urgencia. La entenderán  pero no la compartirán.


  Sobre el precio, me remito a las palabras de John Gierach en su libro “Fishing Bamboo”: una buena caña de bambú, nunca ha sido barata. Encontraremos cañas entre 750€ tirando por lo bajo hasta los 3000€ para cañas nuevas, estando la mayoría entre los 1000€ y los 2000€. Puede parecer caro, pero si sopesas el coste del trabajo (de 60 a 70  horas por caña), las partes mecanizadas a construir, los materiales usados, a veces difíciles de conseguir, y la amortización de los equipos y gastos intrínsecos de cualquier negocio, al fabricante artesano de cañas de bambú le quedan unas pírricas ganancias por hora de trabajo. No mucho para poderse mantener como artesano autónomo, sobre todo cuando necesitas reinvertir ciertas ganancias en el negocio. También es justo decir que no siempre debemos mirar el precio como el factor determinante de la calidad: hay cañas de precios más asequibles que son auténticas maravillas y te sorprenderían el poder de lanzado. Además el precio en el rango bajo-medio de las cañas de bambú es muy competitivo cuando lo comparamos con el precio que nos piden por las cañas de grafito de última generación o por el vadeador número uno del mercado. Un punto a tener en cuenta es la revalorización de este tipo de cañas. En el mercado de segunda mano, las cañas de fabricantes clásicos se llegan a cotizar hasta 10.000€. Como veréis, es una buena inversión.

  Sugiero que evites comprar cañas de eBay y algunas cañas de bambú hechas en China. Nos pueden dar gato por liebre, y en algunas compras de segunda mano, si no vas con un experto, tener cuidado porque pueden tener defectos que luego cueste mucho más subsanarlos. 


  Finalmente, utiliza internet a tu favor. Hay docenas de Webs con fabricantes americanos y europeos que están a tu disposición. Antes de hacer una petición de compra, echarlas un vistazo, y ¡ojo! con los impuestos de importación y costes de envío cuando las cañas vienen de allende del océano: lo precios se incrementarán un 30%.


  Dicho todo esto, me tenéis a vuestra disposición para resolveros todas las dudas que os surjan, sea por facebook, messenger, página web de bambú (http://www.truchaboo.com), o a través de mi blog.  

Buena suerte en vuestra búsqueda.

martes, 23 de diciembre de 2014

Grupo NINFA: El Principio del Fin


 
Hace cinco años que, de manera altruista, comencé a colaborar con la revista NINFA y, letra a letra, palabra por palabra, todo llega a su fin. No sé si el grupo NINFA ha cumplido los objetivos colectivos marcados por los grupos de acción local desde el origen del proyecto, pero a nivel personal, aunque solo sea por la gente que he conocido y por el rico intercambio de pareceres que he tenido con cada miembro, ha sido plenamente satisfactorio. A la hora de seleccionar ciertos pasos importantes en mi vida, siempre me he guiado por el instinto, y la elección de colaborar con el equipo NINFA ha sido uno de ellos.


   Cuando me acerqué a los responsables del proyecto, su ilusión y ganas de cambiar las cosas me sedujo. Había mucho por hacer y como dice un antiguo proverbio africano: «Si queréis ir rápido, id solos; si queréis ir lejos, id juntos». La idea inicial de participar en el desarrollo social y natural de los entornos rurales era algo pedido por ciertos pescadores deportivos al uso que veíamos un abandono paulatino del interés de nuestros ríos y su entorno, especialmente por parte de los propios lugareños y personas oriundas del río, hartos de no ver un beneficio plausible para sus pueblos. A esto había que añadir  un apreciable desdén de las administraciones de turno, por mantener la riqueza cultural de cada pueblo, valle o comarca. Poca gente común conocía la diversidad de los valles vecinos en León y la diferencia cultural y biológica de cada uno de los ríos que la vertebran. Lo englobaban en un todo. Creer que el valle del Torío es igual que el del Bernesga o que el del Omañas, es no entender que la experiencia vital de su gente o la pesca de cada uno de sus ríos, muchas veces es dispar. Yo he pescado dos valles, cercanos uno al otro 7 km, primero un río y al día siguiente el otro, y ni la misma temperatura del agua, ni el mismo caudal y misma claridad de sus fondos, o ni siquiera el mismo día de bochorno, presagiaban que las eclosiones fueran tan diferentes y que las cebadas fueran tan atemporales. En consecuencia, la adaptación de mis técnicas de pesca a cada día fue aleatoria y acorde al estado de cada torrente.


Debo decir también, que ha sido un acierto la labor didáctica y de pregón que han realizado  los medios de comunicación sobre cada uno de los eventos del grupo NINFA,  y ha servido, al menos, para que los neófitos y foráneos de nuestra afición a la pesca, sea cual sea la técnica utilizada, entiendan que pescar no es solo sacar una caña, poner un cebo y esperar las horas muertas a que el pez pique. Sino que además, y sobre todo, es cuidar del entorno, admirar la naturaleza y asegurar que la pesca es sostenible. También es dejar con vida a los peces para su diversidad y procreación, denunciar las tropelías que se cometen en los ríos y, sobre todo, comprometerse con el desarrollo auto-mantenido de cada valle.


Sostenibilidad, esa palabra mágica, tan en boga en nuestro tiempo. Hablamos de ella, pero no sabemos cómo aplicarla. Su definición nos dice que es proceder con un desarrollo económico y social de «algo» sin una gran ayuda exterior, ni merma de los recursos existentes. ¿Cómo llevarlo a la práctica? Quizás con un ejemplo, podamos entender visualmente su mecanismo y encontrar ese «algo». Antes, hace muchos, muchos años, abundaban los cultivos de cereales en los campos frescos y húmedos orillados a los ríos. Los numerosos huertos apelmazados en las vegas de cada valle, para beneficio y aprovechamiento primario de todas las familias de las aldeas, obligaban a los paisanos a mantener unos  canales o acequias naturales de regadío a ras de suelo, horadados en la tierra. Se hacían con azadas y picas, y sobre todo con mucho sudor y lágrimas. Por sus nutrientes y grandes cantidades de alimentos naturales (lombrices, insectos terrestres, restos orgánicos), eran refugio común de truchas y cangrejos. 


El agua entraba por un extremo del campo y el sobrante volvía a salir al río un centenar de metros más abajo. Esto aseguraba una circulación de peces grandes y pequeños de manera continua. Además, el agua sobrante se reutilizaba para el disfrute de otros paisanos del valle. Ahora los automatismos en el riego, el abandono de las parcelas colindantes para uso de ganado, y las bombas de agua motorizadas dejan secos de agua numerosos tramos de nuestros queridos ríos, sobre todo durante los meses de
Julio y Agosto. Ya no hay canales ni zanjas por donde dirigir las aguas para regar, sino que hay tuberías, manera poco artesanal de eliminar refugio para los alevines de trucha y de reducir el complemento alimentario para las grandes farios que colocadas a las salidas de agua de las acequias esperaban a los pececines incautos para darse un banquete.


 No pretendo volver a las técnicas ineficientes del pasado, pero si recuperásemos aquellos métodos de antaño, como hemos empezado a aceptar la alimentación «ecológica» en nuestra despensa, aprovechándonos del conocimiento y experiencia adquiridos con posterioridad, podríamos volver a recuperar los entornos de nuestros ríos y los asentamientos de las aldeas que se han ido despoblando.  Recuperar las represas y los molinos en ciertos tramos donde antes existieron, volver al cultivo minifundista y de calidad; humanizar las orillas de nuestros ríos; generar ingresos por guía, turismo o venta relacionado con los mismos; realizar labores de mantenimiento como limpia de accesos y veredas para asegurar la comodidad y vigilancia de los ríos,…, en definitiva poner un sello de «ecológico» a un  río, un valle o una aldea. 


Hoy, con tantos problemas de accesibilidad al trabajo, con un poco de interés y de inversión por parte de los implicados, ayuntamientos, sociedades de pesca, etc, mucha gente estaría dispuesta a emprender nuevas vías de subsistencia en estos posibles entornos «Bios». La labor del grupo NINFA durante estos años, lo ha intentado en unos términos parecidos a lo anteriormente expuesto, o al menos, creo humildemente, que ha sido lo suficientemente valiente como para plantearlo ante la sociedad, lo que ya tiene su mérito.


En el año 90 del pasado siglo XX, entré en una asociación de pesca de histórico prestigio, cuna de la pesca a mosca en nuestro país. El primer día que fui a su sede (la planta superior de un humilde bar en el centro de Madrid), entre presentaciones y rápidos consejos de expertos lanzadores o montadores de moscos, un anciano, embajador de la pesca sin muerte,  líder entre los nuevos iniciados por su empatía, innovador por sus montajes, carismático comunicador y mi maestro en muchas salidas de pesca, me llevó a solas e hizo una sola pregunta para aceptarme definitivamente en el clan. Esta cuestión la he tenido grabada, desde entonces, en mi mente de mosquero, y espero transmitirla de igual manera a las nuevas generaciones. Me dijo así: «En esto de la pesca, hay quien hace cosas y es activo; hay quién cree que habría que hacer algo y espera un cambio caído del cielo, y hay quien no se ha enterado de que hay problemas y prefiere seguir mirando a otro lado. ¿ a qué grupo perteneces? Si te preocupa el estado y el futuro de nuestras aguas y los peces que habitan en ella, ¡Actúa! ¡Pre-ocúpate!». Este mensaje, esta idea de luchar, ha sido mi mantra durante los últimos 25 años. Y he dirigido mi esfuerzo más a  inspirar y educar, que a promover. He preferido ganarme la credibilidad de los pescadores antes que comprarla. Y cuando he encontrado iniciativas o grupos que han seguido esta línea de pensamiento o acción, ahí he intentado estar. El grupo NINFA ha sido uno de ellos, y con distinto nombre, sociedad o componentes, la labor debe continuar.


Me gustaría que este escrito fuera una oda al activismo. Un cántico a la sostenibilidad. Un principio del fin. Son necesarias soluciones tajantes e inmediatas. No tenemos que dar una respuesta altruista o blanda, todo lo contrario: por puro egoísmo, debemos pasar a la acción. Detener el furtivismo, la excesiva presión de pesca o la introducción de especies que no son propias de nuestras aguas y compiten con las autóctonas. Eliminar la contaminación y la roturación parcelaria de nuestros ríos. Imaginar ocupaciones para los lugareños basadas en la pesca,…,y así podríamos seguir enumerando iniciativas. Para ello debemos colaborar, aunque en este mundo tan pragmático, siempre se nos pida algo a cambio. La naturaleza no otorga rescates financieros. Debemos adelantarnos a las crisis y liderar la carrera del capital ecológico. Y para ello, impulsos como los del grupo NINFA, y otros más que vengan, serán esenciales. A lo largo del tiempo no he visto más que un deterioro continuo de todos los procesos que resultan esenciales para mantener una vida saludable en nuestras aguas. El río era el basurero de nuestros pueblos. Aunque pudiera parecer un pesimista recalcitrante acerca del destino del mundo natural y de su diversidad, soy una persona feliz y positiva, y en este sentido, me siento un poco budista. He aceptado el hecho de que existe un principio y un fin para todo, pero ese fin lo podemos modelar a nuestro gusto con la «acción», algo de lo que una mayoría de pescadores estamos faltos.




lunes, 1 de diciembre de 2014

Nostalgia del lance..


Según la RAE:
lance.
1. m. Acción y efecto de lanzar (‖ arrojar).
2. m. Acción de echar la red para pescar.
3. m. Pesca que se saca de una vez.
4. m. Trance u ocasión crítica.
5. m. En el poema dramático, o en cualquier otro análogo, y en la novela, suceso, acontecimiento, situación interesante o notable.
6. m. Encuentro, riña.
7. m. En el juego, cada uno de los accidentes algo notables que ocurren en él.
8. m. Taurom. Cada una de las suertes de la lidia.
9. m. desus. Arma lanzada, en la caza, por la ballesta.


Me encuentro cabizbajo, montando algunos moscos para la temporada, organizando bártulos y limpiando líneas y carretes. Llevo sin pescar 5 semanas y necesito estar activo, tocar algo relacionado con la pesca. Saco mis cañas de bambú y huelo el pétreo olor a barniz de sus tubos, repaso las anillas y las  limpio con un trapo nuevo. Mimbreo la caña para sentir su acción, y mi muñeca  hace la postura del "lance". ¡Qué nostalgia! 
Para muchos pescadores, el bambú no es la primera elección en una caña de mosca - y menos ahora con el grafito, el Boro, el titanio, ... -, pero para alguno de nosotros es una sensación cálida, natural y romántica. Salgo al jardín, monto los aparejos y un mosco sin anzuelo y empiezo a lanzar, como si el césped y la segada hierba fuera un río del pasado. Apoyo la caña. Descanso y leo, y vuelvo a leer...poesía del parnaso, sobre el río de la melancolía.

AGUA, ¿DÓNDE VAS?...

Agua, ¿dónde vas?
Riyendo voy por el río
a las orillas del mar.

 Mar, ¿adónde vas?

 Río arriba voy buscando
fuente donde descansar.

 Chopo, y tú ¿qué harás?

 No quiero decirte nada.
Yo... ¡temblar!

 ¡Qué deseo, qué no deseo,
por el río y por la mar!

 (Cuatro pájaros sin rumbo
en el alto chopo están).

Federico García Lorca

Debo salir a respirar. Debo salir a pescar,...,  porque recuperar el "lance" será la única manera de obtener mi
redención.



jueves, 27 de noviembre de 2014

La Magia del Bambú en la pesca a mosca

   <<En el mundo creativo de la pesca a mosca, el arte de hacer una caña de bambú refundido es quizás de las actividades más cautivadoras, incluso para el no pescador. Como un capullo envuelve una mariposa, la metamorfosis del bambú no tiene lugar de la noche a la mañana. Cientos de pasos se deben realizar antes de que cada caña esté disponible para lanzar una mosca....>>

  Si te gusta este comienzo, no dudes en leer el artículo "La magia del bambú", que publiqué en la revista NINFA en el año 2010, y que reproduzco con fotos actualizadas en mi página Web:

http://www.truchaboo.com/-bambuacute.html


  A los más mosqueros, disfrutar...y a los más incrédulos, ¡espero que os haya convencido!






jueves, 20 de noviembre de 2014

¡Presentación! “Furled Leaders” o Bajos de línea torsionados

Los bajos de línea siempre me han obsesionado. Cuando comenzaba en esto de la pesca con tralla y no extendía la línea y el bajo lo suficiente como para alcanzar al pez, o la mosca caía de manera estrepitosa en las cercanía de una posible trucha, ya era consciente de mi falta de experiencia en el lanzado, aunque siempre consideré que la longitud y el diseño del bajo afectaba mucho a mis fracasos. Me parecía esencial entender y dominar esos últimos metros de nylon,  para llegar a ser un buen pescador de mosca. Sometía,  a los expertos pescadores de entonces a continuas y agotadoras preguntas. Por fin, en AEMS Madrid me explicaron que el bajo trenzado de Castor o de Guy Plas (para los más afrancesados) , era la solución a todos mis problemas. La  longitud iba desde los 1,2 metros de los modelos de Pereda, a los 1,8 metros de Castor. En algún caso, podías encontrar longitudes de 2 metros, como los que vendía el famoso Roman Moser, pescador y montador austriaco, aunque entonces eran muy complicados de encontrar en las tiendas del sector. La longitud y efectividad  dependía  de la anchura del río y del diseño de puntal o “tippet” que pusiera.


Con este modelo  pesqué varios años hasta que pasó de moda en las revistas españolas del sector y cayó en desuso entre los mosqueros hispanos, cada vez más influenciados por los artículos y modas norteamericanas. Todos comenzamos a utilizar el bajo ahusado de 9’o de 12´, fabricado por las grandes empresas que surgieron tras el estreno en todo el mundo de la película «El río de la Vida». La comercialización de material de pesca a mosca tuvo un boom de casi un decenio, donde cambiábamos de caña casi cada año y acumulábamos material y artilugios, creo yo,  por el miedo al fracaso . El bajo ahusado era cómodo y relativamente barato, aunque había que estirarlo varias veces a lo largo del día y darle pasta flotabilizadora para asegurar que no se hundiera a menudo. Pero daba igual, los pros aventajaban a los contras, y ya no se hablaba en la orilla del río de diseños, sino de marcas.


 Por esa época, a mediados de los años noventa, me desplacé a vivir a París por razones de trabajo. En sus clubs de pesca y en algunos  Cafés de Sociedad, me informé de cómo lo hacían los franceses y  además, aproveché para ponerlo en práctica y para  pescar sus ríos durante dos largos años. Allí, entre Las Galias y el Macizo Central Francés, entre el Franco Condado y los rabiosos Alpes, comencé a pescar a ninfa y darme cuenta de sus ventajas, a mejorar mis técnicas de seca, a montar nuevos moscos con CDC, y a amar las buenos lances y posadas. Los franceses me enseñaron más a pasear por el río que a estropearle. Y también allí, en una tienda antigua de pesca llamada “La Maison de la Mouche” , rodeado de cañas de bambú y líneas de seda,  cayó en mis manos el libro “Presentation”, escrito por Gary Borger.


En un capítulo entero dedicado a  modelos y diseños de bajos de línea (debéis leerlo alguna vez, no tiene desperdicio), explicaba que su solución al problema común con los bajos de línea,  era seguir la máxima de su amigo George Harvey (histórico pescador americano): tener un bajo de nylon rígido los primeros metros y continuar con un hilo dulce y maleable la otra mitad.


De esta manera se maximizaba la extensión completa del bajo con la delicadeza del último metro  del “tippet” para asegurar una buena presentación. Con esta premisa, se podían hacer varios diseños de bajo dependiendo de si se pescaba a ninfa, a seca, a “streamer”, si era mosca grande o pequeña, etc, incrementando de nuevo la complejidad del modelo.  Para solucionarlo, GaryBorger ideó entonces el Uni-Body Leader: un bajo de 1,5 metros fijos de hilo Maxima Chameleon, bastante rígido para su espesor, y unos dos metros de hilo más suaves y livianos, para evitar el dragado. Curiosamente, esta eficiencia lo conseguía con sólo 4 tramos. En mis salidas de pesca observaba también que la mayoría de los pescadores de mosca franceses  e  italianos, llevaban bajos anudados, lo cual me auto-confirmaba el concepto de bajo de Gary Borger. Pesqué con este modelo de  bajo durante bastantes años, dándome muchas alegrías aquí y allende de los mares. He engañado muchas truchas y ha aguantado vientos y mareas, mejorando de manera sobresaliente, la exactitud en la colocación de mi mosca y en muchos casos minimizaba el dragado.


Pero soy un inconformista nato y según mejoraba como pescador, analizaba cada vez más cada acción de pesca del día para intentarla superar al día siguiente. Empecé a ver algunos defectos en el modelo de Gary Borger.  Me daba cuenta que ante situaciones difíciles los rechazos eran abundantes, a veces con las viejas y  grandes truchas en las tablas u otras con los reos solitarios que se acurrucan en las profundas pozas a la espera de un insecto apetecible. Todos eran peces que  podían seguir tu mosca durante varios metros antes de ser engañados. Al inicio pensaba que era el mosco. Luego creí que era mi simple presencia. Y sólo al final deduje que era de nuevo el bajo de línea. Sabía que de algún modo me estaba afectando a la calidad de la presentación «in extremis”, pero me empecinaba en mantener el diseño y estilo que tantos éxitos me había dado las temporadas anteriores ¿no pescaban así los grandes mosqueros de referencia?¿y aquellos que están en la competición?  Ante corrientes complejas y con numerosas ocas,  como en los ríos ibéricos según avanza la temporada, como ocurre en la mayoría de nuestros ríos calcáreos de la mitad sur, la parte rígida del bajo hacía dragar a las minúsculas moscas artificiales del puntal  en el momento menos aconsejable. No era la mosca…, seguía siendo la presentación. Volví a darle vueltas. Me acuerdo que una vez lo estuve hablando con Jon Huerga, en su tienda de Bilbao, y me confesó que ante situaciones difíciles y pescando a seca, él cambiaba el tipo de bajo, y ponía un trenzado de los suyos y luego varios metros de puntal. ¿Sería esa la solución a mis problemas? Luego leí en el blog de Gary Borger que el utilizaba un trenzado de Climax Duramax™ para minimizar el dragado en ocasiones especiales.  Me consta que ahora no están de moda en España, pero en países vecinos, una gran parte de los pescadores de mosca han vuelto al pasado y llevan trenzados en la recámara para ocasiones difíciles. Por razones parecidas a las anteriormente expuestas, para mejorar  la presentación y minimizar el dragado, hay un revival de utilizar líneas de seda.


Ahí andaba yo en una nube de dudas cuando releyendo el  libro “Micropatterns”, de Darrell Martin, encontré el capítulo dedicado al “furled Leader” o malamente llamado “bajo torsionado”, palabreja que no está recogida por la RAE pero que repetiremos numerosas veces en este texto. En sus párrafos explica con detalle  cómo pescando el Alto Tajo en una calurosa mañana de Agosto,  y tras tentar a varias truchas sin éxito con su bajo de nylon de longitud 12´, nuestro amigo común Luis Antúnez le aconsejó poner una «cola de rata trenzada», para no espantar en cada posada a las grandes y resabiadas truchas de este magnífico río. Así lo hizo, cambió al nuevo bajo, y quedó maravillado  al observar no sólo la suave caída sobre la postura de la trucha de este bajo compuesto, sin inmutarla, sino también la falta de dragado durante varios metros, dando tiempo a la trucha a no dudar de la imitación lanzada.  Añado un texto final del libro que dice mucho de este tipo de modelos de bajo:

«Aunque el “furled leader” no puede sustituir a todos los bajos de línea en todas las situaciones de pesca, debo decir que es único y efectivo para moscas pequeñas y truchas selectivas  en ríos de aguas claras y lentas.»

Estas palabras me transportaron a un nuevo mundo maravilloso,  y empecé a estudiar  todo lo relativo a “bajos torsionados” o “furled leader” en libros, en internet y fue, incluso, un tema central de discusión en charlas con expertos americanos.


Compré algunos bajos y pesqué con ellos. Tenían un extra coste, pero eran artesanales e incluso personalizados, hechos a mano y  duraban una eternidad.  Tras convencerme de sus ventajas, comencé a dominar todos los extras que aportaban estos bajos. Después empecé a hacerlos yo mismo,  con diseños contrastados por otros artesanos  y al final cambié los esbozos existentes por otros personales,  adaptándolos mediante prueba y error, a los ríos españoles. De esto hace varios años, y ahora tengo toda la confianza como para informaros de ello, compartirlos e incluso venderlos. Ahora los hago manualmente  variados adaptados a nuestros ríos y maneras de pescar:  para seca, ninfa y ahogada; con o sin identificación de picada; de hilo de seda o con hilo de montaje UNI (para mí el mejor) aunque en algún caso me lo han pedido de nylon o de fluorocarbono;  de distintos tonos  y para distintos tipos de peces.  Mis colores preferidos son el verde oliva, el gris óxido (Rusty Dun” en inglés) o el canela (“Tan” en inglés), dependiendo del entorno donde pesque (esta decisión es personal, porque no he visto que afecte en demasía a los peces), pero ya sabéis que en la pesca, hay que sentirse cómodos para confiar. Los hago mayoritariamente en  2 metros (6,5’) y en 1,5 metros (5’), aunque estoy haciendo algunos en 3 metros y en 4 metros para pescar a la técnica japonesa “Tenkara”, a la cual estoy iniciando a mis hijos y e hijos de amigos, para que se enganchen desde pequeños en este mundo de la mosca. La labor es totalmente manual y artesanal, y los hago con una lazada en un extremo y una anilla de 2mm en el otro, para facilitar el cambio del “tippet”.



Los “furled leader” son fáciles de lanzar, presentan grandes y pequeñas moscas de una manera sutil y, repito, el dragado queda minimizado, asegurando una exquisita presentación, hecho que al final, es lo que más nos debería  importar. Puedo extender hilos de punta o “tippet” hasta de 3 metros lo que me asegura un barrido de muchos metros hasta que la mosca drague. Por supuesto la mejora en mi presentación se corrobora con las respuestas de las truchas, cuyo número y calidad se han incrementado exponencialmente. No brillan o reflejan la luz y son muy elásticos.  Debo añadir que se lanzan muy bien contra el viento, hace bucles más  estrechos que los bajos de nylon, si así lo deseáramos,  y cuidándolo un poquito, como hacemos con las líneas sintéticas, pueden durar casi una temporada.  Como ocurre con  las líneas de seda, no retienen memoria, son suaves y se deben tratar con una pasta que la haga flotar. Yo la extiendo al inicio del día de pesca y quizá, alguna vez, aplique un poco más durante el transcurso del mismo. Cuando salgo de pesca suelo estar 5 o 6 horas, y muchas veces el bajo ha flotado  todo el día.  Me considero un pescador tranquilo y observador, y me relaja la parafernalia de extender la pasta de flotar a lo largo del “furled leader” ya sea en el coche, antes de poner la mosca artificial, o a la orilla del río cuando me siento para que mi espalda descanse de tanto vadeador y chaleco d pesca. Este momento se ha convertido en un ritual que me aporta más ventajas que inconvenientes a la acción de pesca: estudio el estado de las aguas, miro el tipo de eclosión de mosquito que hay, hablo con mis compañeros o hilo la hebra con otros pescadores. De cualquier manera, os tengo que decir que a cada “furled leader” le hago un tratamiento especial para que esté listo para su uso ya de inicio, aunque opino que siempre es aconsejable tratarle otro poco, si no tenemos demasiada prisa.
Para finalizar, una reflexión. Muchos experimentados pescadores creen que un  bajo de línea largo, de más de 4 metros, es la solución para capturar truchas selectivas. Y que cuanto más largo, más productivo será el bajo, a veces a costa de perder puntería y capacidad de extenderlo ante un viento moderado. Opino que la ventaja de un bajo de línea de gran longitud es que se  minimiza el ruido de la caída del extremo de la línea sintética y minimiza su sombra sobre el pez, en el continuo lanzado de mosca y línea.  Yo prefiero, si es posible, acortar mi leader e incrementar el “tippet”. Por mi experiencia, y en cada jornada de pesca lo compruebo, un puntal o “tippet” largo es mejor que un  bajo de línea extenso. El  “furled leader” facilita eso,  lanzar unos puntales  muy largos, ayudado por la masa del mismo más que por su rigidez. En mi caso, puedo extender hasta 3 metros de de nylon.



 A mi parecer, nos dejamos llevar muchas veces por lo que hace una mayoría de pescadores sin entender porqué lo hacen. Actuamos  por modas, más que por observación y experiencia. Probar cosas diferentes por vosotros mismos.  Creo que la  discusión está abierta.

jueves, 30 de octubre de 2014

Cierre de Temporada en Quintanaluengos: una reflexión

  Cierre  de Temporada truchera en Castilla y León…¡Quién lo iba a decir!...7 meses, 214días, 5.136 horas....La temporada ha sido bastante buena en salidas,  emoción, capturas y elegantes trofeos.  Llevo unos años que me gusta pescar el último día legal el coto de Quintanaluengos, quizá porque durante las fechas que lo había tentado a lo largo de los años, o el agua bajaba muy fría o el viento del norte estropeaba los pocos lances que se pudieran hacer a un río siempre silencioso en cebadas.

  Tras recorrer los 350km de rigor desde Madrid, llegué al puente de Salinas de Pisuerga y aparqué para otear el estado del río. Perfecto para mediados de Octubre...ni alto como para no cruzarle con facilidad, ni tan bajo como para que nuestras moscas no pudieran bailar en las numerosas tablas.

  Siempre me gusta ir al refugio de pescadores, en la mitad inferior del coto, y bajar a las primeras tablas antes de la estación de aforos. Una vez allí, todo parecía perfecto. Era un día lluvioso, con nubes negras y  y las temperaturas se mantenían bajas. ¿qué más podemos pedir para que hubiera una buena emergencia de mosquitos?

  A las 14 horas  hubo una amplia eclosión de baetis, se cebaron a emergentes con "vida" y a mosca en superficie a punto de volar. Comían aquellos insectos que movían las alas o derivaban por el agua saltando en cualquiera de los dos estados anteriores. CDC y emergente en pelo de ciervo me dieron resultados. Quizás 10 u 11 capturas, pero podían haber sido más si no se hubieran puesto selectivas en el tamaño y en el movimiento.

  Luego todo se acabó. No por las truchas, fue por mi. La razón por la que pesco a mosca y por la que me tiene enganchado tan intensamente después de un cuarto de siglo, es intentar comprender de manera clara y cartesiana, porqué las truchas no replican comportamientos de un día a otro, de una hora a otra, aparentemente con las mismas condiciones. Mis limitaciones en la pesca son de lejos más biológicas que tecnológicas. Yo se que está en mi cabeza el concentrarme, que se basa en tener confianza en uno mismo, en hacer un seguimiento de las pistas que me da el río y ser positivo...pero si tengo un mal día a nivel personal, se verá reflejado en mi acción de pesca, que será también pésima acorde a mi estado de ánimo. Si me siento inseguro, no lanzo con la misma fineza y estropeo muchas posturas. No me apetece cambiar el mosco o alargar el puntal para evitar los dragados.

  El día, pues, no terminó bien...me sentía tembloroso y apático, en realidad incómodo. Además se dio la circunstancia de que las piedras del Pisuerga son sumamente resbaladizas en este tramo, y terminé estando más preocupado de no caerme y mojar los artilugios de pesca que de buscar cebadas o cruzar el río. Comencé a lanzar mal,  a estar triste en el río, por el tiempo que había pasado y por la larga espera de un invierno largo que aparecía tras cualquier esquina. Ni que decir tengo que las capturas disminuyeron de manera exponencial, llegando a ser nulas. Entonces decidí cambiar de tercio, y cerrar la temporada disfrutando del lluvioso otoño, de sus paisajes y de sus frutos, paseando las orillas del Pisuerga, haciendo caso omiso de la segunda eclosión de baetis y de las numerosas cebadas que se sucedían en las tablas,



recordando un viejo poema del fundador de  "Trout Unlimited":

"El agua que nos ablanda al
circular por cada célula ya ha 
bajado por todos los ríos y ha
dormido en todos los océanos.
La sangre de la tierra es el río
del organismo.
¡Cuidemos nuestros ríos!
como cuidamos nuestro corazón"